jueves, 31 de julio de 2014

¿Qué pasa con el creyente que se aleja del Señor?



 

Muchas veces un hermano me ha preguntado, ¿pastor, si una persona viene a la iglesia, se bautiza y está bien por un tiempo, sirviendo a Dios en la iglesia pero después se aleja del Señor, qué pasa con esa persona? ¿Irá al cielo?

Es posible que nunca haya sido un hijo de Dios

Cristo dijo que no todos los que le llaman Señor entrarán al cielo. Él dijo “muchos me dirán en aquel día Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí hacedores de maldad”. (MATEO 7:21-23). Cristo no dijo en este momento, “no los conozco”, sino que “nunca os conocí”. Hicieron todas esas cosas sin conocer a Cristo como su salvador, nunca fueron salvos. También Cristo dio una parábola donde Él explicó que algunos, al oír el evangelio, “lo reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra luego tropiezan”. (MARCOS 4:16-17). Es evidente que Cristo está hablando de personas que se acercan a él porque les gusta el mensaje, lo reciben con gozo pero es superficial, “no tienen raíz”. Cuando viene la tribulación o el sufrimiento por el evangelio, manifiestan que no era algo profundo y real alejándose de Dios. Tenían una apariencia de ser verdaderos creyentes pero no lo eran. Ahora, no podemos decir que todos los que se alejan de la iglesia y de Dios nunca fueron verdaderos creyentes. Sin duda algunos verdaderos creyentes se alejan de Él. Supongamos que es un verdadero creyente, ¿qué pasa con él, cuando se aleja de Dios?

Dios disciplina a sus hijos desobedientes

Dios dice, “porque el Señor, al que ama, disciplina y azota a todo el que recibe por hijo”. (HEBREOS 12:6). Cuando un verdadero hijo de Dios es desobediente, Dios lo disciplina con el fin de corregirle. Como un verdadero padre terrenal que corrige a su hijo cuando desobedece o hace algo malo, así también Dios obra en nuestras vida. Por eso, dice en Deuteronomio 8:5, “Reconoce asimismo en tu corazón que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga”. Dios dice también en SALMO 89:30-32, “Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieron en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión y con azotes sus iniquidades.” Se ve en muchos pasajes bíblicos como Dios obró en las vidas de sus hijos desobedientes con el fin de que volvieran a obedecer a Dios. Dios corrige al hijo desobediente.

¿Qué pasa si viene el arrebatamiento de la iglesia?

Algunos creen que cuando venga el arrebatamiento de la iglesia todos los creyentes desobedientes serán “dejados” para pasar la tribulación.
En I Juan 2:28 el apóstol Juan exhorta a los creyente a que “permanezcan en Cristo”. La frase “permanecer en Cristo” se refiere a mantenerse en comunión con Cristo (compara con Juan 15:4). I Juan 2:28 dice, y ahora hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados”. Cristo no va a dejar que sus hijos desobedientes que no están permaneciendo en comunión con él, para pasar la tribulación, sino que viene a buscar a todos sus hijos, los fieles e infieles con el fin de llevarlos a su presencia. En ese momento el creyente alejado de Dios tendrá vergüenza por su desobediencia de igual manera que un hijo terrenal que no quiere levantar la vista y mirar a su papi en la cara porque fue encontrado desobedeciéndole. La frase “Cuando se manifieste” se refiere al arrebatamiento de la iglesia. En Tito 2:11-14 se ve que la gran esperanza del creyente es la “manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo”. Aún el creyente que no permanece en Cristo, será llevado por Cristo cuando “se manifieste”. Un ejemplo muy similar pasó en la vida de Lot. La Biblia declara que era un hombre salvo viviendo una vida muy carnal y mundana en Sodoma y Gomorra antes de que Dios pudiera destruir la ciudad. Dios no podía dejar caer su juicio sobre las ciudades con Lot adentro, era necesario que él saliera primero (Gén. 19:22). Por eso los ángeles fueron mandados allí y cuando Lot se detuvo, vacilando en su decisión de salir de la ciudad, los “asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad” (Gén. 19:16). Dios le protegió de su juicio porque era un hombre justo por su fe en Dios. Lo mismo pasó con Noé, cuando Dios decidió destruir la tierra. Él dio instrucciones a Noé de edificar un arca por la cual Dios protegió a Noé y a su familia durante la destrucción del mundo a través del diluvio. Dios sacó a Lot de la ciudad y “levantó” a Noé y su familia arriba de las aguas de juicio. Dios sacará a sus verdaderos hijos y los llevará a su presencia antes de que lleguen los siete años de la tribulación. Lo interesante es que Lot no era un “creyente muy fiel”. Los mismo yernos se burlaron de él cuando Lot les avisaba de del juicio venidero de Dios (Gén. 19:14). Él, en un sentido, no merecía ser sacado porque no era fiel, sin embargo, Dios, en su misericordia, le sacó porque era su hijo. Lo mismo sucederá con sus hijos no fieles en el arrebatamiento de la iglesia.

Los hijos desobedientes pierden su recompensa

La Biblia habla del “juicio” del creyente. Ese juicio no se trata de sus pecados porque Dios nos perdonó todos nuestros pecados y nos limpió de toda maldad. (Ef. 1:7, Col. 2:13) Él nos justificó y es como si “nunca hubiéramos pecado”. Por eso seremos salvos de la ira.” (Romanos 5:9) Pero, Dios nos examinará en cuanto a nuestro servicio, dándonos una recompensa eterna por cada buena obra hecha para Él. Cuando un creyente se aleja de Dios, corre el riesgo de no cumplir el plan de Dios para su vida y de esta manera malgastar su tiempo, energías y vida en las cosas de este mundo, y así perdiendo la recompensa que Dios da a un creyente fiel que cumple su voluntad. En (I Cor. 3:12-15) Dios dice que “la obra de cada uno [cada creyente] cuál sea, el fuego la probará”. (vs. 13) En este pasaje presenta la verdad de que Dios probará las obras de cada creyente y que es posible que todas las obras de algunos creyentes sean quemadas y que “él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”. (vs. 15) El creyente es salvo pero no tiene ninguna recompensa eterna por sus obras que hizo mientras que estaba alejado del Señor. Es muy similar a lo que pasó físicamente a Lot en Sodoma y Gomorra, él perdió todo lo que había acumulado en este mundo y solo sacó la ropa que tenía puesta. Todas las demás cosas que tenía fueron quemadas en Sodoma y Gomorra. Se salvó la vida pero perdió todo. El creyente alejado de Dios pierde toda su recompensa pero tiene la vida eterna, es salvo “aunque así como por fuego”.

Algunos hijos son “llevados” por Dios a su presencia

En algunos casos extremos, Dios lleva a su presencia a sus hijos desobedientes. Cuando el hijo de Dios resiste la disciplina y corrección del Señor a veces hay consecuencias muy triste. Proverbios 29:1 dice “El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina.” Dios disciplina a sus hijos con el fin de corregirles. Si no hacen caso a la disciplina de Dios, Dios puede llegar al punto de llevarles a su presencia. I Juan 5:16-17 habla de la posibilidad de que un “hermano” cometa un pecado de muerte. Aparentemente no todos los pecados resultan en la muerte pero “algunos” sí. Este ciertamente era el caso en la iglesia en Corinto. Algunos “hermanos” estaban participando de la cena del Señor en la iglesia “Sin discernir el cuerpo del Señor” y estaban comiendo juicio para si mismos. Ellos no tomaron en cuenta la posibilidad de suf
rir la disciplina del Señor pero Pablo les explica que Dios estaba disciplinándoles y “por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen”. I Cor. 11:30. La palabra, “duermen” en este vesícula, se refiere a la muerte. Había creyentes que habían pecado de tal manera que Dios les llevó a su presencia.

Conclusión

En primer lugar debemos reconocer que no todos los que dicen ser creyentes lo son. Solo Dios conoce el corazón de cada uno. Si un verdadero creyente desobedece a Dios y se aleja de Él, entonces Dios obra disciplinándole con el fin de que vuelva a Dios. Si el creyente le ignora y no responde correctamente a su disciplina entonces en algunos casos Dios lo lleva a su presencia quitándole su vida. El creyente alejado de Dios pierde su recompensa pero “será salvo, aunque así como  fuego.
Por el Pastor Scott Brackett
 

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